miércoles, 21 de enero de 2009

José Mª Amigo Zamorano: ¿Agustín García Calvo? y... otras preguntas

Pintada en una ermita de
Las Navas del Marqués

donde pasa temporadas
el escritor zamorano


En la portada de una de sus últimas publicaciones, 'Cantar de las dos Torres', si no la última, Agustín García Calvo (D. Agustín) que algunos le dicen El Maestro, y con razón, porque maestro fue en institutos, academias y universidades y aún sigue ejerciendo su magisterio...; decimos que, en la portada, su nombre, como autor de este cantar, viene (como en otros libros suyos de poesías) entre signos interrogativos; tan notorios, además, que están trazados con su puño y letra, es decir: con su caligrafía particular.

¿Por qué lo hace?... ¿Qué quiere indicar con esos signos?... ¿No se considera autor del librito?... ¿No son suyos los diecisiete poemas?... ¿O qué?...

Veamos en este caso concreto: lo que narra no ha nacido mayormente de su imaginación, ya que, se dice en la contraportada, 'aprovecha el resonante derrumbe de las torres gemelas' de la imperial ciudad de Nueva York. De modo que, en puridad, son otros los que tendrían que apropiarse de ese escacharramiento, del amasijo de materiales y cadáveres, en que se convirtió la Fe de haber querido posesionarse del cielo, al tiempo que ponían barricadas a la trayectoria de los rayos del sol sobre los humanos, achicándolos sombriamente; y fueron otros los que, impulsados por la Fe, estrellaron 'tres aviones, tres de chatarra y de pedo de gas' contra esos elevados complejos arquitectónicos de la vanidad; no ha sido él, precisamente él, el inventor, el ideólogo, de tal hazaña; de su caletre no ha nacido semejante desbaratamiento; brotó, si, de la Fe contra la que guerrea; a ella, por lo tanto, y sólo a ella, hay que colgarle el mérito. No nos extraña que dude de su autoría.

Empero la interrogación ya tiene, en su misma sustancia, una cierta negación de... Por lo que no está bien expresado eso de poner 'duda'; no, no es duda, sino certeza lo que encierran esos dos signos interrogativos, lo que queda implícito en la pregunta: él ha escogido las palabras, ha hilado las frases, ha colocado el pentagrama y le ha puesto música a la epopeya: música 'risueña y tremebunda'. En resumen: ha querido dejar constancia literaria del colosal estropicio de la Fe que, en ocasiones, dicen, mueve montañas; y, en este caso concreto, desmorona torres que antes había levantado. Es como un notario que da fe de lo que aconteció, mas como, por otra parte, él es el que ordena los elementos de la trama y pone a su capricho otros que no estaban en el sangriento guión de los ideólogos del desaguisado, de ahí su titubeo, su autoría interrogativa, su no pero si.

Aunque, quizás, haya querido decir algo más, sobre las creaciones de obras literarias, con estos signos de interrogación con que encierra su nombre: ¿Agustín García Calvo?

Ya lo hemos dicho, lo repetimos: ordena los trozos del drama, y quita o añade otros, él escoge los vocablos, engarza las oraciones y elige el formato: la epopeya. Y, sin embargo, todo... o casi todo... (¡qué exageración por nuestra parte!)... le viene dado: tanto el hecho en si, como los tambores atronando, ya en Grecia se hacían cánticos parecidos; Homero los materializa en la Iliada y la Odisea; hasta las viudas de los aviadores Aixa, Fátima y Marien son sacadas del romance castellano y en el mismo orden se les hace aparecer en el 'Cantar de las dos Torres'.

Pero, ¿es Homero un creador personal o un ser colectivo?... ¿no estaba en el común de las gentes todas esas historias?... ¿no se contaba, así, con ese acento, al amor de la lumbre?... ¿no se ha trasmitido de generación en generación?... ¿no se lo narraban los padres a los hijos?... ¿es realmente Homero el autor?... ¿O quién?...

Y mas preguntas todavía: ¿no son los autores, que hoy firman, individualizándose sin recato, herederos de una riqueza que es del común?... ¿no se copian, en ocasiones, las ideas unos a otros?... ¿no se choricean (perdón por la palabreja) hasta versos enteros sin citar su origen?... ¿no lo hemos leído (sin que esto desdore su memoria) en cumbres poéticas tales como Lorca, Alberti y otros?...

Ya escribimos, en una anterior reseña sobre este mismo poemario, que el Conde de Volney, en su libro 'Las ruinas de Palmira', pone de relieve, para que se vea más nítido lo que es la Fe, cómo, antes de la batalla, los ejércitos le rezan a Dios para que les sea propicio en su guerra contra el enemigo. Involucran a Dios (ese fantasma) a fin de bendecir tal carnicería. Ambos creen. Tienen Fe. Agustín García Calvo (D. Agustín) quien guerrea contra esa Fe, como nosotros, seguro que conoce esa obra. Y la habrá leído. Sin duda. Y habrá más autores que hayan puesto de manifiesto esta contradicción de la Fe. Nosotros hablamos de lo que conocemos.

Esto no quita, en modo alguno, valor al 'Cantar de las dos Torres'. Es más, su interrogación de la portada incrementa su valía porque Agustín García Calvo, así, lo une, y se une, más, al Hombre Colectivo sin dejar por ello de ser un individuo creador.

Esto nos parece a nosotros, aunque, estamos seguros, dada la compleja personalidad del maestro, de que esta manera de presentarse al público tendrá otras motivaciones que habrá teorizado y expresado en multitud de ocasiones y en distintas tribunas desde donde se dirige a sus oyentes. Pero nosotros las desconocemos.

*

Y ya para terminar y en otro orden de ideas: en posterior escrito (si es que lo hacemos, que eso está por ver) trataremos de ver qué se nos desprende de él (del cantar de esas torres) en cuanto al modo y manera de guerrear contra la Fe que monta, como hemos podido ver, estos tinglados tan sangrientos.

Lo decimos porque se nos viene a la memoria aquello que escribiera Aimé Césaire, en su 'Cahier d'un retour au Pays Natal', impidiéndonos permanecer como mirones:

"Y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza... '.

Pues eso, vamos a ver si el poema nos mueve a actuar en consecuencia.


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