sábado, 14 de noviembre de 2009

José Mª Amigo Zamorano: La prodigiosa memoria de D. Eusebio García Luengo


Ahora que queremos escribir sobre las charlas que mantuvimos con D. Eusebio García Luengo, nos encontramos con un obstáculo practicamente insalvable: nuestra nuestra memoria es chiquita y no tomamos apuntes. Es verdad que alguna vez lo pensamos, pero como no teníamos la costumbre de hacer un diario lo dejábamos para el día siguiente y al final... Y si, nos ponemos de una mala hostia... inutilmente.
Sobre esto de la memoria, de la nuestra, lo único que podemos es compararla con la de él, con la de D. Eusebio García Luengo y... y nuestra autoestima de desmorona, se nos cae al suelo, se desparrama y se hunde en el polvo, miserablemente. ¡Qué desgracia! ¡La nuestra!
De esta constatación de la prodigiosa memoria del escritor de Puebla de Alcocer guardamos algunos recuerdos. Decía él que no era más que una memoria cordial. Solo eso. Pero... ¡santo dios!... ¡qué memoriosa cordialidad!...

Dos ejemplos:

1) Un día, estando sentados con él en la terraza del bar Pinar (cómo no); terraza que, hay que decirlo, no era mas que la acera de la calle Principal donde colocaban las mesas para tomar los refrigerios; allí nos encontrábamos charlando (en realidad hablaba él solo, nosotros escuchábamos) cuando se acercó una pareja de jóvenes que lo saludaron:

-¿Qué tal D. Eusebio? -dijo uno- ¿No me conoce? No se acuerda de mi? Hablé con usted...

-¡Pero, hombre, no me voy a acordar! Le recuerdo perfectamente. Usted es Félix Rosado, el periodista. Si nos presentó, aquí mismo, hace dos años, D. José Mª Amigo que está ahora conmigo. Es mas, a usted le acompañaba un amigo que era profesor de ciencias y...

¡Se acordaba de un saludo breve, casi fugaz, de hacía dos años! ¡Joder! ¡Perdón! ¡Con más de ochenta años!

2) Y esta segunda muestra de su excelente memoria la hemos contado multitud de veces. Bueno, pues como él mismo se expresaba, la contaremos otra vez: cierto día le hablamos de un libro que había en la Biblioteca Pública Municipal de Las Navas del Marqués titulado 'El compromiso de la novela en la II República' -si la memoria no nos engaña- de un profesor universitario, extremeño como don Eusebio y cuyo nombre hemos olvidado (este olvido para él era un pecado que achacaba a la vejez y le enfurecía) y en cuyas páginas era citado nuestro amigo muy a menudo.

-¡Ah, si! Pues traételo y me lees algo.

Cuando se lo llevamos nos pidió, como no veía para leer, que le leyéramos la bibliografía.

-Tiene dos bibliografías: de obras y de artículos.

-¡Vaya! Si que es serio el libro. Pues... lee el de artículos.

Leimos uno a uno los casi... ¿doscientos autores?... No recordamos... pero muchos.
Excepto a dos o tres los conocía a todos. Eso si, no a todos había tratado.

(Tal memoria nos hizo recordar a los griots africanos quienes en su cabeza tienen hechos que se remontan a siglos y cuando muere alguno, sin haberlo tratado, sin haber recogido todo su saber, o parte de él, es lamentado por todos diciendo que es como si se quemara una biblioteca. Seguro que de D. Eusebio nadie habrá lamentado su muerte en cuanto a lo que guardaba en su memoria, pero creemos que habría sido de mucha utilidad para numerosos estudiosos investigadores)

Y para mostrar ese conocimiento recordamos dos casos: uno, de los primeros que leimos y el otro, de los últimos.
Del primero dijo:

-Si, lo conocí. No lo traté. Escribía en el diario 'La Tarde' que, como su rótulo indica, salía por la tarde en Madrid.

Nosotros constatamos que en la bibliografía ponía: 'La Tarde', día tal de mil novecientos tantos. Y, si no desvariamos, creemos recordar que nos lo describió físicamente, incluso el lugar de nacimiento y la profesión de su padre. Solía decir que le gustaba conocer todo todo de la persona. Añadiendo siempre:

-Y si fuera posible hasta la madre que lo parió.

Del otro autor que, como ya hemos dicho, estaba al final de la lista, nos acordamos de su apellido, Urales, dijo lo siguiente, mas o menos:

-¡Ah, Urales! Hacía mucho que no lo oía citar. Este era el padre de Federica Montseny Mañé quien, como sabrás, fue ministra anarquista de la II República en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Urales no se llamaba así sino Juan Montseny. Era un pseúdonimo. Escogía nombres así porque era aficionado a la naturaleza. Pero... mira... hacia años que no lo oía nombrar...

Este suceso ocurría cuando el escritor tenía cerca de noventa. No está mal.

viernes, 13 de noviembre de 2009

William Boyd: ¿Barniz Cristiano? (*)

William Boyd: el barniz cristiano de los negros (*)

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"Inútil le había resultado recurrir al cristianismo de los criados (eran todos cristianos, no era ésta ninguna fortaleza del paganismo), mas sus reposados y gentiles comentarios al reglamento tribal (el recurso necesario al hechicero, el obligado rito, el sacrificio forzoso de una cabra) no hicieron mas que confirmar lo que Morgan había intuido siempre: que se podían quitar, en cualquier momento, de su cristianismo como de un par de zapatillas."
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William Boyd en 'A good man in Africa' (Un hombre bueno en Africa)

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(*) título añadido por nosotros

lunes, 2 de noviembre de 2009

Goethe: Asombro de chicos y micos (*)

Wagner:

¡Ay! Cuando se pasa uno la vida encerrado en su museo y apenas si ve el mundo un día de fiesta, y aun así y todo por unos anteojos, desde lejos, ¿cómo puede uno conducirlo bien mediante la persuasión?

Fausto:

Si no lo sentís en vosotros mismos, no podréis partearlo; si no os brota del alma y con facilidad de fuerza primaria, rinde los corazones de todos los oyentes. Pero os estáis muy sentados. Pagáis unas cosas con otras, ponéis al fuego un guiso trasnochado y sopláis sobre las mortecinas ascuas de vuestro rescoldo. Asombro de chicos y micos cuando luego no sabe mal del todo... Pero jamás crearéis corazón para corazones si del corazón no os sale a vosotros.

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Goethe, en 'Fausto'; Acto Único, Escena Primera, Primera Parte

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(*) El título es nuestro

miércoles, 28 de octubre de 2009

Edgar Lee Masters: La Colina del Cementerio

Edgar Lee Masters: La Colina del Cementerio

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¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el débil de voluntad, el brazo fuerte, el clown, el ebrio, el peleador?
Todos, todos, están durmiendo en la colina.
-
Uno se fue de fiebre,
uno se quemó en la mina,
uno fue muerto en un molote,
uno murió en la cárcel,
uno cayó del puente donde trabajaba para los chicos y la mujer.
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.
-
¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
la tierno corazón, la alma sencilla, la bulliciosa, la altiva, la feliz?
Todas, todas, están durmiendo en la colina.
-
Una murió de parto vergonzoso,
una por un amor desventurado,
una en manos de un bestia en un burdel,
una de orgullo destrozado, persiguiendo el deseo del corazón,
una después de su vida en el lejano Londres y París,
fue traída a su estrecho lote por Ella y Kate y Mag.
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.
-
¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily
y el viejo Towny Kinkaid y Sevigne Houghton
y el Mayor Walker que había hablado
con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos, están durmiendo en la colina.
-
A ellos les trajeron hijos muertos de la guerra,
e hijas destrozadas por la vida
y a sus chiquillos huérfanos, llorando.
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.
-
¿Dónde está el viejo violinista Jones,
quien jugó con la vida todos sus noventa años,
desafiando la helada con el pecho desnudo,
bebiendo, alborotando, sin pensar en mujer ni parientes,
ni oro, ni amor, ni cielo?
¡Vedlo! Charlando ahí sobre las fritangas de pescado de hace tiempo,
sobre las carreras de caballos de hace tiempo en la huerta de Clary,
sobre lo que Lincoln decía
una vez en Springfield.
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Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal
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(De 'Poesía Libre. Año IV, nº 10, enero de 1984. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua)
*
Responsable: Julio Valle-Castillo
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Consejo Editorial:
Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)

miércoles, 21 de octubre de 2009

Gure berriak: Pablo Antoñana


Gure berriak: Pablo Antoñana


El 26 de agosto a los 81 años, fallecía el autor navarro nacido en Viana el 29 de octubre de 1927; precisamente en la casa que nació Navarro Villoslada y, también curioso, en la misma cama donde murió. Estudió Magisterio en Logroño y se licenció en Derecho en Zaragoza. A partir de 1952, hasta su jubilación, ejerció de secretario en los ayuntamientos de Sansol, El Busto y Desojo, en Lizarraldea. Sus primeras incursiones literarias se iniciaron en 1947 con cuentos en la prensa zaragozana. En 1959 ganó su primer premio con una novela corta, y a partir de entonces no dejó de publicar y recibir menciones y reconocimientos, incluido el premio Príncipe de Viana de la Cultura en 2006. Ha publicado libros en diversas editoriales y numerosos artículos en distintos periódicos y revistas. En Txalaparta publicó 'Miniaturas', una selección de textos aparecidos en Egin entre los años 1996 1999, que respondían a estados de ánimo recogidos en un momento que son ya historia: rabia, recuerdos, preguntas insolentes y resabios.
Rescatamos de ese libro dos pasajes, uno referido a la Boina y otro a la Muerte.
 
La Boina

"Pacífica y labriega en la cabeza de aldeano, la mía, ornato de porte fue, tocado con gracia, siempre distinta, hoy sujeta a desdén y aparte, no sé por qué, pero señorial y bella en la cabeza de gente que se fotografió en estudio junto a jarrón, estatua, paisaje ficticio de lago y floresta. Cuadraba bien. Cada boina era un rostro, cada boina un hombre, un mundo. Belicosa un tiempo y de color de sangre en las huetes de las dos guerras carlistas, nuestras a pesar nuestro, y también en la última, la del 36, también nuestra, también carlista y también a nuestro pesar..."
 
La Muerte


"... Yo, Antoñana, fruto de miles de Antoñanas de ese pueblecito de Álava, la vascongada, pululé errando sobre la haz de la tierra un millón de años y hoy soy su efímero resumen. La muerte no segó mi estirpe y en lo sucesivo quedaré derramado en quienes me sigan, por tanto vivo y ellos serán también yo. Procedo de la vida y a la vida regresaré en polvo y ceniza. La muerte cabo de tránsito, un alto en el viaje hacia la nada. Dejaré testimonio de huella fósil y lo demás comedia y devaneo que la conciencia del hombre urdió con su miedo, necia soberbia, pues la muerte, el morir, tanto se asemeja al sueño (John Donne) y su desenlace es reparación, paz y reposo, lejos ya la injusticia, el oprobio, la sinrazón, el ultraje, la desasistencia, la soledad. El protocolo, la ceremonia, ólo disparatada ficción. Los disfraces, los ritos, sobran cuando la muerte generosa llega a tiempo, redime y salva..."


(De 'Gure Liburuak, euskal kerriko irakuble kluba, de la Editorial Txalaparta, nº 23 Zka, página 3)
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lunes, 21 de septiembre de 2009

Poesía de África: Bantúes

Poesía de África: Bantúes

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Voy a comprarme una vieja fea.
¿Por qué, no lo sabes?
Toda mujer bella es para el Rey,
y las feas jóvenes son para los Jefes.

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(Tomado de 'Poesía Libre', número 14; revista de poesía; Ministerio de Cultura, Managua-Nicaragua; año V; marzo de 1985)

jueves, 23 de julio de 2009

Matsuo Basho: Matsushima

¡Ah, Matsushima!
¡Ah, Matsushima, ah!
¡Matsushima, ah!


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Este poema atribuido al gran poeta japonés Basho, del siglo XVII, fue publicado en la revista Time (agosto 1, 1983) con la siguiente aclaración:

"Es un poema compuesto sólo de una palabra y una exclamación (como un suspiro) La palabra 'Matsushima' es el nombre de un archipiélago del norte del Japón. La exclamación se supone que son suspiros de admiración de varias personas (no de uno solo) que están contemplando el archipiélago. La belleza del mismo no se menciona en el poema porque se supone que ya se da por entendida".


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Revista 'Poesía libre'. Ministerio de Cultura (Managua, Nicaragua) Año IV, número 10, enero de 1984