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martes, 17 de abril de 2007

ELENA SORIANO: El viejo pipero



El viejo pipero

por Elena Soriano

Todos los días, desde el primero de curso, estaba allí.

Llegaba al colegio casi a la vez que las mamás y las criadas, unos minutos antes de la salida de los niños, se abría paso a través de la gente aglomerada, con humildad y tesón, pidiendo mil perdones, hasta situarse en primer término, al pie mismo de la puerta de salida. Allí plantaba su bastidor plegable como si plantase su banderín de posesión en la tierra descubierta por él solo, y nos obligaba a abrirle semicírculo amplio, sin estorbarle la perspectiva.

Sobre la bandeja de mimbre, la parva y humilde mercancía, distribuida con cierto artificio llamativo, en pequeños montoncitos, separados por tabiquitos de cartón: caramelos, chufas, chicle, pipas de girasol y pelotas de papel colorinescas, con su hilo de goma para hacerlas danzar alegremente en el aire y rebotar, silentes en la palma de la mano...

Él, enjuto, pelicano, el cuerpo achaparrado, el rostro curtido, como si retuviera el asoleo de un prolongado vivir campesino. Y eso parecía en su atuendo, en sus decires, en todos sus modales; un campesino, o más exactamente, un pastor, entre socarrón e infeliz, vestido de pana parda y con la pelambre rapada sobre una frente estrecha. Trascendía a pueblo y a rebaño. Incongruente, todo él, con el ambiente ciudadano y con su mismo oficio, pueril y callejero.

Cuando los niños salían, todos, sin excepción, le veían a él antes que a las solícitas chachas y mamás. Era ineludible hacerle gasto de alguna chuchería. Él las despachaba con una rapidez y una ubicuidad para las múltiples demandas, realmente asombrosas:

-- Diez de pipas, un regaliz, uno de menta, un puro de anís ... Oye, tú: ¿no tienes otra perra? Esta no me gusta...

Miraba y remiraba por ambos lados cada moneda, con recelo y avaricia. ¡"Santa simplicidad"! En estos tiempos, considerar diez céntimos como si fuera una onza de oro... Pero es que, realmente, todo su negocio era así: ruincillo, ínfimo, de tres al cuarto. ¿Cuánto valdrían sus existencias, con "local" y todo? ¿Veinte duros? ¿Acaso cincuenta? ¿Y cuál podría ser su beneficio diario? ¿Cien pesetas? ¿Acaso doble, quizá?...

Era modoso y bonachón, paciente con las impertinencias infantiles; y nunca lenguaraz, aunque, de vez en cuando, le hacían barrabasadas. Conocía a muchos niños por sus nombre, le gastaba bromas, se interesaba por las notas escolares y por los partidos de fútbol. Sabía hacerse querer, con la simpatía de un rey mago pobre...

A vuelta de esperas compartidas, llegamos a entablar conversación. Y así supe que mis conjeturas eran acertadas: sí, efectivamente, toda su vida, hasta que vino la guerra, había sido pastor. Era de la provincia de Guadalajara:

-- De un terreno muy pobre, señorita... Allí no hay más que esparto y tomillos. Pero, con todo ¡aquello era lo mío! ¡Desde que lo dejé, no soy ni sombra! Hace diez años, yo "saltaba aún las cabrillas". Pero esto no me va: me ahoga la capital...

No pude averiguar por qué permanecía en ella.

-- Desde la guerra... ¡Cosas de la vida, señorita!

Conmovedores sus apagados ojos candorosos y su aire de palurdo extraviado que reniega de su aventura en la ciudad.

En lo álgido del invierno, cayó la nevada de rigor, copiosísima. Nadie se extrañó de que el viejecito faltase a la cita con su clientela durante varios días. Pero el primero en que lució el sol, cuando sobre el bordillo de la acera solo quedaban sorbetes sucios, con mondas de plátano y naranja, tampoco apareció. Y entonces, sí hubo comentarios y conjeturas compasivas: ¿estaría enfermo el buen hombre?

De pronto, en el exacto lugar que solía ocupar la cesta de las pamplinas, vimos aparecer un arrapiezo que en el acto llamó nuestra atención: intuimos que su presencia tiene alguna relación con la ausencia lamentada. Y, en efecto, a la primera oleada escolar, el chico opuso un grito sollozante, oportunísimo:

-- ¡Mi abuelo, niños, mi pobrecito abuelo!

Alto en la bullanga y un movimiento general de atención. Alguien pregunta:

-- ¿Es tu abuelo el pipero? ¿Qué le pasa?

Pero casi todos habíamos adivinado ya lo peor: ha muerto. El chiquillo, entre zopillos, suministra pasto de pormenores a nuestra voracidad sentimental: él era su única familia; vecinas de corredor, buenos corazones, están organizando el entierro, para impedir la entrega del pobre cuerpo a la fría caridad municipal; ellas mismas han aconsejado al nietecillo que postule en este colegio, "él decía siempre que todos eran tan buenos para él"...

Gran revuelo de simpatía y enternecimiento, y su inmediata consecuencia ejemplar: niños, mamás, muchachas, hasta los maestros que salen, se apresuran a ofrecer su óbolo, no sólo para el entierro del popular "abuelo", sino:

--¡Y para flores también! -exclama una señora, abrigada con astrakán autentico y que huele a "Diamant Noir", donando un billete de veinte duros al infeliz rapaz.

Menegildas de veinte años límpianse los lindos ojos con la punta de su delantal. Un trasunto del "Corazón" de Amicis...

Hoy he tenido ocasión de pasar por cierta calle de un barrio apartado, al otro extremo de la ciudad.Era hacia mediodía. Caminaba ensimismada, mirando al suelo y regostándome en la primicia agridulce de la primavera, a lo largo del muro gris y soleado de un grupo escolar. Por los anchos ventanales abiertos salía el rumor, dulzón y arrullante de una recitación. Antes de llegar a la gran puerta principal, no sé qué reminiscencia o qué intuición me ha hecho levantar los ojos y mirar al grupo de personas a la espera ... ¡Dios mío! ¿Qué era esto? ¿Me ofuscaba la vista la renovada sangre, caldeada por el sol de abril? ¿Era de veras el viejecito de las pipas o su imagen, metafísica, ante mi? Me he precipitado hacia él, con una mezcla de alegría y de indignación:

-- ¡Pero, oiga! ¿No se había usted muerto?

Me ha mirado de soslayo, encogiendo los hombros, achicándose, en un tardío impulso de escurrirse y desaparecer:

-- ¿De qué colegio es usted, señorita?

Acento reposado, suave, hasta cariñoso. Como encantado, en cierto modo, de topar con una persona conocida. Ante mi gesto duro, incomprensivo, ha cogido su cesta con premura y me ha requerido, a cierta distancia, aparte de la gente. Y ha dicho así:

-- Mire, señorita: ¡hay que hacerse cargo! Este negocio no da para vivir: ¡pipas, en estos tiempos! ... ¡pero no piense mal! Desde luego, sólo lo hago en los grandes apuros, en una extrema necesidad, ¿sabe?... De vez en cuando me muero, recibo el homenaje de mi clientela y traslado el establecimiento a otra barriada. ¡Hay tantas escuelas en la ciudad!...

(ELENA SORIANO. "Solidaridad Nacional". Barcelona, 29 de mayo de 1949)
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Sumarios:

"Conocía a muchos niñospor sus nombre, le gastaba bromas, se interesaba por sus notas y por los partidos de fútbol.

Sabía hacerse querer, con la simpatía de un rey mago pobre...
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"RELATO DE ELENA SORIANO DE LAS PÁGINAS 6 y 7
DE 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 6

viernes, 5 de enero de 2007

ELENA SORIANO: BIOBIBLIOGRAFÍA

ELENA SORIANO - biobibliografía

Nació en Fuentidueña de Tajo (Madrid). En 1950 publica su primera novela, Caza menor, donde aborda el cainismo de los españoles que nos llevó a la guerra del 36. En 1976 fue llevada a la televisión y proyectada en 20 episodios.

En 1955, escribe bajo el título "Mujer y Hombre" tres novelas, La playa de los locos, Espejismos y Medea 55, donde se tratan problemas como el tabú de la virginidad, el deterioro del amor conyugal y la venganza subliminal de la mujer moderna a la traición de su compañero rechazando la maternidad. La playa de los locos fue prohibida por la dictadura franquista, siendo editada 30 años después.

En 1969 funda la revista El Urogallo que editó (financiada por ella sin ayudas ni subvenciones) y dirigió personalmente. Dio a conocer durante seis años la mejor literatura de la época e hizo una insuperable labor por la cultura de la libertad.

En 1985, la Editorial Plaza Janés publicó Testimonio materno de gran impacto social con ocho ediciones agotadas. La misma editorial, en 1986, publicó en un sólo tomo la trilogía "Hombre y Mujer" y en 1990 el libro de relatos La vida pequeña.

A lo largo de 30 años Elena Soriano publicó artículos y ensayos en España y el extranjero: La emoción en el teatro de Sartre, La juventud como problema, La obra de Baroja durante la República etc ... Muchos de estos trabajos fueron publicados por la Editorial Anthropos con el título Literatura y vida en tres volúmenes entre los años 1992 y 1994.

El pasado año poco antes de morir la Editorial Huerga y Fierro le publicó una selección de relatos con el título Tres sueños y otros cuentos.

Trabajaba en el ensayo El donjuanismo femenino y proseguía su extenso ensayo, Defensa de la literatura. Apuntes para un ensayo interminable.

El periodista Esteban Hernández, estudioso de su obra, prepara un libro critico y biográfico, de próxima aparición.

Elena Soriano, que no se presentaba a concursos, fue jurado de muchos: los Pablo Iglesias, Plaza y Janés, Nacional de las Letras ...

Cedidos a la Cruz Roja Española los derechos en lengua castellana de su obra Testimonio materno, han dado lugar a la creación de la fundación CREFAT de la que Elena era Vicepresidente.

Fuentidueña de Tajo dio el nombre de Elena a su calle principal y Suances (Cantabria) erigió una gran estela de piedra frente al mar en recuerdo de la escritora ya que se inspiró en dicho lugar para escribir La playa de los locos.

En 1991 recibió el premio Rosa Manzano a su labor de escritora progresista y en el 93 la Medalla de Oro Individual de la Comunidad de Madrid por su obra literaria en defensa de la libertad de pensamiento y de los derechos humanos.


Tomado de la revista 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 6, PÁGINA 8

CARTA DE ELENA SORIANO A JOSÉ MARÍA AMIGO ZAMORANO

Elena Soriano - C/ Maestro Ripoll, 24

28. 006 Madrid- 24, enero de 1995

Estimado José María Amigo Zamorano:

Le ruego que disculpe mi tardanza en corresponder a su carta, sin fecha, por cierto, acompañada de los ejemplares de la revista "Caminar conociendo" que usted dirige; todo lo cual encuentro, al regresar ayer de una larga estancia en el campo del Ampurdam catalán. Le agradezco mucho el envío de dicha revista, tan vivaz, fresca y juvenil como ahora se ven pocas publicaciones culturales y le felicito por su labor en ella. También le manifiesto mi gratitud por su invitación a colaborar en sus páginas, que intentaré realizar pronto; y, sobre todo, sus referencias a mi antigua amistad con Eusebio García Luengo, que perdura invariable, a pesar de su actual retraimiento, que comprendo muy bien, pues también lo practico yo misma: los tiempos así lo imponen a los "viejos" que vamos muriendo con el siglo XX ...

Le reitero mi gratitud por sus muestras de aprecio que correspondo sinceramente, con muy sinceros deseos de éxito y cordiales saludos de su afma.

Elena Soriano

APARECECIDA LA CARTA EN 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 6

MUERE EN MADRID LA ESCRITORA ELENA SORIANO

Muere en Madrid la escritora Elena Soriano

Con estos titulares se hizo eco la prensa de su fallecimiento
La novelista calificó nuestra revista de "vivaz, fresca y juvenil"
(Reproducimos los dos primeros párrafos de los obituarios de El Mundo y ABC)

Exilada en su patria

La escritora Elena Soriano pertenece a la olvidada España del exilio interior. Fue persona de convicciones liberales y de simpatías socialistas y, aunque en precarias condiciones de falta de libertad íntima, publicó Caza menor en 1951, una novela psicológica un tanto tradicional, hosca y amarga. Por edad (nació en 1917), forma parte de la primera generación de postguerra, con la que se vincula por su inclinación al tremendismo y existencialismo propio de los años cuarenta, representado entonces por Cela y Delibes.

Ese exilio interior no hizo no hizo desfallecer a Elena Soriano, pero la censura le causó un daño irreparable al prohibir La playa de los locos (1955), inicio de la trilogía temática "Hombre y Mujer", que se completó con Espejismos y Medea. El ciclo de cuestiones entrelazadas que insinuaba o abordaba en ese tríptico novelesco se convirtió, pasado el tiempo, en el eje central de sus preocupaciones: el enfrentamiento entre el instinto y la razón, la huella del tiempo, el descubrimiento del sexo y el poder de la sensualidad, la guerra y sus estragos, los problemas de la educación, los anhelos insatisfechos e inalcanzables, el sentimiento y disfrute de la naturaleza ...

Santos Sanz Villanueva. El Mundo, 5 - XII - 1996

Las clases medias

"... Elena Soriano, la suegra de Boyer, fina escritora y ensayista de la que fui amigo toda la vida, que llevó con elegancia de dama middle-middle class la censura caudillista y acaba de morir en Madrid, a avanzada edad. Descanse en paz."

Francisco Umbral. El Mundo 6 - XII - 96

Muere en MADRID LA ESCRITORA ELENA SORIANO

Muere en Madrid la escritora Elena Soriano

Elena Soriano (Fuentidueña de Tajo 1917) ha desaparecido al pie del cañón pues su último libro, los excelentes relatos "Tres sueños y otros cuentos" apenas acaban de aparecer en librerías cuando llega la noticia de su muerte. Sus restos mortales fueron enterrados ayer en Madrid. En buena medida autodidacta, pese a sus estudios de magisterio y a su formación de lectora incesante, repleta de una extensa cultura literaria y filosófica - de la que dan buena muestra tres volúmenes de "Literatura y vida" (1992 - 1994) - no fue tan sólo una narradora personalísima sino también una animadora cultural de primera magnitud como demostró cuando fundó y dirigió "El Urogallo". También contribuiría años después a la resurrección de esa misma empresa junto al también desaparecido José Antonio Gabriel y Galán.

La existencia de Elena Soriano ha estado gobernada por una pasión central, la de la literatura, a la que se consagró desde muy joven, pues ya en 1952 publicaba una primera novela "Caza menor" que evidenciaba unas dotes expresivas poco comunes. Fue un producto insólito en la aplastada España de su tiempo, donde aquel drama rural y familiar de estirpe existencial desembocaba en el imposible final de una amenazadora guerra civil. En medio de las dificultades de la época Elena Soriano menudeó sus intervenciones en revistas y periódicos de dentro y fuera de España, destacando también como conferenciante y participante y congresos y coloquios, mostrando siempre en todo ello un espíritu democrático y progresista que no dejó de traerle bastantes problemas.

por Rafael Conte. ABC, 4 - XII - 1996

LEIDO EN CAMINAR CONOCIENDO, Nº 6

Celia Zaragoza: ELENA SORIANO: literatura y vida

Elena Soriano: literatura y vida

por Celia Zaragoza*. Madrid, 25 de abril de 1997

ELENA SORIANO se manifestaba orgullosa de su origen andaluz. Había nacido en Fuentidueña de Tajo (Madrid: 1917). Pero su sangre y su temperamento "eran de Córdoba, y su infancia, de varios cortijos de Andalucía", aseguraba.

Durante muchos años y hasta sus últimos días, vivió en la misma casa de aquella misma calle madrileña (Matías Montero, denominada luego Maestro Ripoll), de "aire quieto, residencial y tranquilo, entre los árboles y las plantas trepadoras del jardín, con aire cerrado y elegante en la que todo parecía igual", como con penetrante melancolía describió ANTONIO NUÑEZ.

En plena colonia El Viso, y a pocos pasos de allí, ELENA cruzaba los domingos hacia la inolvidable tertulia de su gran amiga MARÍA BAEZA (de cuyo fallecimiento se cumplen en estos día 16 años, 1888-1981, auténtica luz en su grupo familiar y en el ambiente cultural de la época).

Al regresar de Tambre, 24 (posteriormente, de Lázaro Galdeano, 2), un grupo de fieles amigos aguardaba a Elena desde los anaqueles de su biblioteca: BORGES, SÁBATO, CORTAZAR, RULFO, FUENTES, GARCÍA MÁRQUEZ. Alternaban con clásicos españoles y con las últimas novedades generacionales que, ininterrumpidamente, llegaban a su casa. Y también (pues era muy afecta a lo popular), con una completísima colección de tangos (que tan bien bailaba), donde lucían FRESEDO, PIAZZOLLA, DISCÉPOLO. O MARÍA ELENA WASLH.

Así, de su profundo conocimiento e interés por las literaturas hispanoamericanas e hispánicas, y de su inquietud por la evolución de nuestra lengua (tema, más que nunca, de tan grande actualidad), nació la revista literaria El Urogallo, que ELENA SORIANO fundó y dirigió desde 1969 a 1976, asesorada y apoyada en todos los órdenes (sin ninguna protección oficial ni oficiosa) por su marido, JUAN JOSÉ ARNEDO. En la heroica aventura, procuraba evitar tanto "el nacionalismo aldeano como el papanatismo hacia lo foráneo, la nostalgia del pasado como la precipitación novedosa". Abrió sus páginas a distintas edades, nacionalidades e ideologías con el sólo común baremo de la calidad. Y acertó.

Entre los homenajes que recibió ELENA, queremos destacar el que le dedica (LITERATURA Y VIDA, I, II, III) los tres tomos de ANTHROPOS (Colección Pensamiento Crítico / Pensamiento Utópico) en edición sobria y cuidadísima. El sagaz y exhaustivo prologuista, CARLOS GURMÉNDEZ, señala en ELENA la condición de anticipadora e intuitiva con profundidad envidiable. Ya en los años cincuenta vertía sus clarificadoras opiniones a través de su gran amiga y confidente, la literatura, de la que estuvo apartada más tarde durante siete años. Período que habría de contemplar y analizar, con desgarradora lucidez en Testimonio materno: con voluntad de útil alerta hacia lamentables circunstancias que habrían de proyectarse sobre la juventud de nuestros días. (Y en la que no volcó piedad hacia su hijo, ni hacia la sociedad, ni hacia sí misma)

Como novelista, tras la polémica Caza menor (1951: inicialmente víctima de la censura) había publicado una originalísima trilogía (La playa de locos, Espejismo y Medea).

Como cuentista, la selección agrupada bajo el título de la Vida pequeña, constituye una gratísima sorpresa.

La suma de estas relecturas, el repaso de estos textos, nos detiene también en otro aspecto de los tomos de ANTHROPOS: la serie de Sagaces ensayos; paralelamente, aparecen exponentes de no menor relieve en su género, que la revela como gran cronista de acontecimientos culturales, en los que descuella el teatro, y que tiene lugar en el resto de Europa. Fueron publicados inicialmente en Cuadernos (París), Ínsula y, especialmente, en Índice. Sin dejar nunca de ser, por igual, sólidos, amenos e informativos. Sin dejar de lado una pizca de ironía, (nunca amarga), y en ocasiones volcada sobre si misma.

Por su dominio amplio de todas los recursos literarios; por su perfecta comunicación de temas centrados en aspectos de la cultura no siempre accesibles, o al alcance del lector; por su actitud de alerta ante el obligado compromiso social en un mundo que, sin retroceder un punto, se muestra día a día, más indiferente, egoísta, cruel, ELENA aparece, aun hoy, merecedora de aquellos adjetivos con los que se la definió: utópica, lúcida, aguda, científica en el manejo de la propia visión del mundo que la rodeaba.

En realidad, al releer su obra, parece que volvemos a escucharla o hablar con ella y que, en estas fechas en que hubiera cumplido ochenta años, ELENA no hubiera muerto. En realidad, no ha muerto.

*Celia Zaragoza es periodista

(tomado de la revista 'caminar conociendo' nº 6, páginas 8, 9 y 10)


Jacinto Luis Guereña: CON ELENA SORIANO EN LA ESPUMA DEL TIEMPO




Con Elena Soriano en la espuma del tiempo
(tomado de la revista 'caminar conociendo, nº 6, págs, 10 y 11)

Por Jacinto Luis Guereña*

1. - Dentro de las biografías, sin hojarasca y lejos de brezales, acaso siempre resulte humanamente útil acudir a Albert Camus. Así, ahora, releyendo "El mito de Sísifo", en creencia de frases que actúan casi como postulados, me hallo con lo que recordaba aunque sin precisión. He aquí las palabras, sin presunción ninguna, y en su desnudez cotidiana, muy hondas, en total autenticidad, y que conviene a la edad mágica y dolorosa y hermosa que nos tocó asumir, históricamente hablando. La frase constructiva y soñadora, aquel grupo de amigos que fuimos y nos unía el horizonte de fusiones y deseos. La edad urgente y utópica. Amigos del grupo: Jorge Renales, Juan José Arnedo, Elena Soriano, Arturo del Hoyo, Justo Diaz Villasante, Jacinto Luis Guereña, y anillándonos la sensibilidad de las cosas culturales y artísticas. Es decir, soñábamos, la confianza se llamaba esperanza. Para el país y el mundo, nos entrelazaba, cada cual con su estilo propio, la emoción más humana, la filosofía más exigente del ser. ¿No se definía en nuestros años? Esa razón también la recuerda Camus, y ahora copio la frase prometida y pedagógica: "Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Eso se llama hacerse hombre" ¿No es aclaración suficiente? ¿Qué crónica podría simbolizarla mejor si se tiene en cuenta que era la historia de todos, incluyéndose por edad al propio Camus y además con la sangre española de su madre? La espuma del cierzo, la espuma de oleajes cuya urgencia tal vez no se deseaba tan ardientemente. Pero llegó con la Segunda República en España, y nos tocó a todos. Cuando se sueña se quiere muchísimo, y no la aceptación, más bien todo o nada. Ese decisivo planteamiento también fue nuestro, en mayor o menor grado de voluntad y añado el complemento explicativo camusiano a su frase: "Esos desgarramientos son espantosos, pero para un corazón orgulloso no puede haber término medio". La pura sed de lo verdadero. La desnudez completa de nuestra elección. Los amigos citados, y algunos más, por supuesto, convergíamos. Y éramos felices.

2 - Los recuerdos tienen un arranque - concretamente 1932 - 1933 -: estudios y problemas estudiantiles, la FUE y las Juventudes, exámenes de ingreso en las luego tan aplaudidas promociones pedagógicas del Plan Profesional de la Enseñanza, en el vasto caserón de ladrillo: hermosa y rectangular presencia que la filosofía educadora del Gobierno empujaba con entusiasmo.
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¿Se erguía, luciendo ya su plumaje, entre otras aves, el urogallo misterioso, en la mente de Elena Soriano? Cabe señalar que allí, en la colina de los chopos, se alzaba, con las mismas estructuras actuales, la Residencia de Estudiantes. Y en nuestra Escuela, en los bajos, tenía su sede el Museo Pedagógico, a la sazón dirigido por Alejandro Casona. ¿No eran las mágicas energías del ambiente, encandilándonos y aporreando? Tenía que ser así, y fue inevitable: conocer a Federico García Lorca y a Juan Ramón Jiménez y a Casona y Rafael Alberti y a Ramón Gómez de la Serna. De Casona, con "La sirena varada" y "Nuestra Natacha", encarnación directa de lo que simbolizábamos y queríamos ser, los razonamientos impacientes; también el teatro de Margarita Xirgu y "Yerma" y "Bodas de sangre". [Con] la comezón y el hervor, seguro que fue preparándose "El Urogallo", al igual que con Jorge Renales y conmigo se hizo el bosquejo de una revista poética, "Vértice"; y con Antonio Diez Martínez se llevó adelante la realización de "Horizontes".
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3. - Todos nos relacionábamos. Las urgencias literarias se compaginaban apasionadamente con la existencia cotidiana y coetánea. La polifacética experiencia de 1936 - 1939 y las consecuencias que produjo, en el campo republicano, -el campo del moro y del almendro, por decirlo con vocabulario de Max Aub- el campo de los vencidos.

Y surgió, con la derrota, el exilio, tremenda aventura tanto en el exterior como dentro de España. Años terribles, sin dicha para nadie, ni para vencedores ni vencidos. ¿Cómo alborear con luces de felicidad? ¿Quién se atrevía, de modo natural y espontáneo, a gozar de su juventud? Así, los años, en proyección de tatuaje y heridas para siempre, radicalmente imborrables. Dos caminos o dos desembocaduras, en la identidad de Elena Soriano: su vertiente de narradora, y su entrega a la edición de una revista: ya se sabe que fue su obra más personal, y en ambas direcciones.
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Escribir en semillero de autenticidad, sin dejar de lado los ensueños: el territorio visionario. No tanto en estilística como en ahondamiento, palabras para atravesar fronteras porosas y, temáticamente, la unión entre mujer y hombre. Siempre ha sido así, tenía que serlo en nuestra autora. La comezón de vivir soñando y, casi por necesidad, el afán de encontrar la llave de una cerradura oxidada. ¿O qué otra cosa era la censura franquista en cuanto a creatividad?

La aglutinación argumental de personajes -trayéndome a la memoria su perspectiva de tensiones dramático / sexuales-, los paraísos oscuros del dolor, las heridas sin maquillaje alguno, y que, acaso, tuvieron manantial en la chilena Gabriela Mistral.

¿También la voz testimonial si se lee de través la enjundia narradora? Es muy posible y así lo creo. Las agujas de la familia que se hace tras el lento amor que fue construyendo la silueta de los hijos. Lo que acaece dentro y fuera de las vallas hogareñas; lo que no se puede impedir: filosofía fatalista: antigua herencia clavada en el carácter español: ineludible siempre: cariz dramático que Goya y Picasso ostentan como estandartes en su obra.

4. - Tras estas hondas, voladeras y ancladas experiencias dentro del arte de novelar, surgiría la ambición, la obstinación de ser editora de revistas. Esfuerzo muy notable, profundamente personal en todos los aspectos: fundación, dirección y soporte editorial. Es, fue, -queda el eco vivo-, "El Urogallo". En sus páginas colaboramos casi todo el grupo de aquella juventud entusiasta y creadora de los años inmediatos a la guerra. Elena Soriano tuvo a gala enardecer, con variada densidad y [ricos aportes] de las letras españolas y extranjeras, los diferentes números que fueron saliendo desde el inicial, en 1969, hasta 1976. Estos años representan su fuerza timonera.

5. - Y luego, la muerte.

Jacinto Luis Guereña es profesor, traductor y poeta. Son conocidas sus traducciones de Baudelaire, Verlaine y Supervielle.

Esteban Hernández: ELENA SORIANO: LA PALABRA Y LA OSCURIDAD

Por Esteban Hernández*

Que su primera obra se desarrollase en un entorno donde la naturaleza era protagonista de primer orden no es casual. Aquel esplendoroso despliegue de léxico, aquellas descripciones precisas y eruditas, fastuoso escenario para un drama pasional, sentido y cruento, llevaron a la errónea creencia de que "Caza menor" era un texto ruralista, manejado por los rencores de una familia poco representativa. O mucho, pero de la España profunda.

Por supuesto, absolutamente incierto. Al igual que la trilogía que le sucedió, fue una obra que radiografiaba la naturaleza humana. Eran miedos, odios, deseos, fobias, resquemores, angustias puestas al desnudo por la hábil ¿habilidad? de una escritora de raza. Y al margen del inevitable choque que aquellas novelas produjeron con las fuerzas vivas de la época, lo que permanece es esa lucha cruel y constante del ser humano consigo mismo. Manifestada en el impulso primero, conseguir un ejemplar determinado del sexo opuesto, aunque no reducida a este casi anecdótico aspecto.

Se trataba de personas fácilmente reconocibles, inquiriéndose por su felicidad, incapaces de llegar a puerto, con la duda y la angustia por acompañantes casi únicos. Sin embargo, si en "Caza menor" todas las preguntas son cegadas por los hechos, en "Mujer y Hombre" sí son enunciables por sus protagonistas. Aunque no haya contestación posible.

Es en ese instante cuando la escritora se aleja de la narrativa; sus siguientes trabajos pertenecen al campo del ensayo. Y más tarde emprenderá la aventura de "El Urogallo". Entonces acomete una empresa compleja, arriesgada y titánica: "Defensa de la Literatura". Se publica por entregas en su revista (Anthropos la editará en 1993) pero dejando aparte muchísimo material (que es muy posible que sea recogido en un volumen). Y una empresa que, ante todo, es la mejor respuesta que Elena Soriano posee para todos los interrogantes que surgen en sus textos y en el mundo que vive. Cualquier posible solución pasa por ahí.

Su hijo Juanjo fallece. Es el menor, muy joven; la muerte ha dictado su absurdo prematuramente. Nace "Testimonio materno", literatura de nuevo para combatir la pérdida, entender las causas y conocer mejor cuál es nuestra situación en nuestro mundo y en el universo. Se confiesa la autora; ya no es un personaje de su invención quien habla, sino ella misma y a tumba abierta. El afán de comunicación es aquí mucho más evidente. No hay otro texto suyo donde la defensa de la literatura posea argumentos más contundentes. No es su mejor libro, sí el que mejor pone al descubierto algunas utilidades de la palabra escrita.

Porque la obra de Elena Soriano no es otra cosa que un debatirse continuo - como la misma existencia - en ese vacío que oscila entre las oscuridades de lo humano y la capacidad de dar nombre a nuestras perplejidades. Allí es donde la literatura tiene un trabajo por delante, y allí es donde la escritora de Fuentidueña de Tajo ubicó su pluma.

Esteban Hernandez es periodista.
En breve publicará un libro crítico
sobre Elena Soriano

LEIDO EN 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 6, PÁGINA12

Eusebio García Luengo: RECUERDO DE CARLOS GURMÉNDEZ



Recuerdo de Carlos Gurméndez: un pensamiento rico y pasional.


Eusebio García Luengo habla del que fue su amigo Carlos Gurméndez, escritor, pensador y humanista, madrileño de adopción, notorio en los círculos intelectuales de su tiempo y de ahora.
 Eusebio, amigo de "Caminar Conociendo", hombre que busca y anima la conversación, nos trae los recuerdos de su amigo C.Gurméndez.

Conocí a Gurméndez, nos dice, en esos cafés literarios madrileños como "La Granja del Henar", siendo estudiantes en la Universidad de Madrid. Gurméndez, aunque nacido en Montevideo, llegó muy jovencito a Madrid, y se integró muy bien en el mundo madrileño.

Era un hombre muy comunicativo, muy expansivo, y respecto de otros escritores propiamente españoles, él como hispano americano y con motivo de su estancia en Europa, tenía una visión y una cultura mas amplia que el resto de amigos del grupo español. Era profundo conocedor del pensamiento y la literatura alemana, lo cual era poco frecuente, además de la literatura inglesa, francesa y soviética.

Carlos Gurméndez simultaneó las carreras de Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad Complutense, donde se afilió a la organización estudiantil de izquierdas FUE, lo que le impidió finalizar la licenciatura de derecho en Madrid, teniendo que completar sus estudios en la Universidad de Berlín.

Durante la Guerra Civil dejé de verle, pero en la inmediata posguerra, viviendo él aún en la calle Gran Vía, reanudamos nuestra amistad. Gurméndez es uno de los pocos amigos que siempre me ha sido no sólo muy afecto, si no también muy fiel, y yo le estoy agradecido que siendo una amistad de mas de medio siglo, se acordase de mi y me llamase por teléfono, aun en estos últimos años cuando yo hacía una vida casi conventual.

Gurméndez era hombre al que gustaban los grupos de tertulia en los cafés, a los que llegaba fácilmente por ser un hombre de gran simpatía y don de gentes. Grupos a los que acudía gente muy diversa, de pensamiento políticamente ambiguo, cosa que no se entiende fácilmente por personas que hacen una sola clasificación ; "franquistas", "de izquierdas", ¡ no !, había mucha gente que no eran ni franquistas ni marxistas, entre los cuales estaba este grupo, era gente liberal que habían conocido la República y que hacían una vida literaria de tertulia, grupos de pintores, poetas, literatos, entre los cuales estaban Fernando Chueca, Alfonso Buñuel, hermano de Luis, Carlos Arniches hijo del escritor madrileñista Arniches, Juan Esplandiú, Paco Galicia, etc.

Estas amistades, habiendo sido nombrado agregado cultural de la legación Uruguaya, y su pensamiento opuesto al Régimen, no pasaron inadvertidas, puesto que como diplomático tenía cierta vigilancia, dando lugar a una denuncia que le obligó a marchar de España. En la víspera de su marcha estuvimos sentados los dos charlando en la terraza de un café, porque era verano, en el Paseo de Recoletos.

Entonces marchó a París, Montevideo, Bucarest, años durante los cuales desarrolló una intensa actividad intelectual y diplomática. Desde su exilio colaboró enviando escritos a las revistas Indice, y La Gaceta Literaria.

En 1973 pudo volver a España, a Madrid, que era su verdadera querencia. El siempre se consideró madrileño, pues fue allí donde hizo su carrera, donde tenía sus amistades, donde vivió y donde ha fallecido.

Se incorporó a la vida intelectual, actividad que ha mantenido hasta el final de su vida, junto a algunos de los que fueron sus amigo, tales como, J. L.. Aranguren, José Bergamín, Ortega Espotorno, personaje este fundamental en la Revista de Occidente y el diario El País, y quien le llevó a la colaboración que luego ha mantenido durante tantos años en el citado diario. Se dedicó con verdadera pasión a escribir, dejando una gran obra no sólo en importancia, si no también en cantidad.

Tenía Gurméndez mucho interés en tener lectores, en trascender como autor, de llegar a la gente, cosa que conseguía a pesar de cultivar un género no fácil, un género filosófico, obtuso, con muchas citas de filósofos alemanes. A veces me llamaba por teléfono y me preguntaba :

-"¿Has leído mi artículo ?" . Tenía como digo ese afán de ser leído.

Elena Soriano, Carlos Gurméndez y Eusebio García Luengo mantenían ente ellos una amistad desde años, amistad que les ha traído a esta revista, en la cual los tres han mostrado interés en colaborar. A la pregunta de si además de la amistad les unía un mismo interés por la temática de los sentimientos, Eusebio nos responde :

-No, no creo que hubiese un parecido entre ellos, Gurméndez era mas filósofo y Elena mas novelista. A Gurméndez le interesaba el tema de los sentimientos, las pasiones humanas, el amor era uno de sus temas preferidos, y Elena como novelista tomaba como referencia también esos sentimientos, pero la forma de tratarlos, el interés era distinto, no, no creo que hubiese un parecido.

Entrevista realizada por Manuel Segovia
el 15 de Marzo del 97. Colaboración, Patricia Jiménez


ENTREVISTA APARECIDA EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' Nº 6, EN LAS PÁGINAS 13 y 14