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viernes, 5 de enero de 2007

ELENA SORIANO: BIOBIBLIOGRAFÍA

ELENA SORIANO - biobibliografía

Nació en Fuentidueña de Tajo (Madrid). En 1950 publica su primera novela, Caza menor, donde aborda el cainismo de los españoles que nos llevó a la guerra del 36. En 1976 fue llevada a la televisión y proyectada en 20 episodios.

En 1955, escribe bajo el título "Mujer y Hombre" tres novelas, La playa de los locos, Espejismos y Medea 55, donde se tratan problemas como el tabú de la virginidad, el deterioro del amor conyugal y la venganza subliminal de la mujer moderna a la traición de su compañero rechazando la maternidad. La playa de los locos fue prohibida por la dictadura franquista, siendo editada 30 años después.

En 1969 funda la revista El Urogallo que editó (financiada por ella sin ayudas ni subvenciones) y dirigió personalmente. Dio a conocer durante seis años la mejor literatura de la época e hizo una insuperable labor por la cultura de la libertad.

En 1985, la Editorial Plaza Janés publicó Testimonio materno de gran impacto social con ocho ediciones agotadas. La misma editorial, en 1986, publicó en un sólo tomo la trilogía "Hombre y Mujer" y en 1990 el libro de relatos La vida pequeña.

A lo largo de 30 años Elena Soriano publicó artículos y ensayos en España y el extranjero: La emoción en el teatro de Sartre, La juventud como problema, La obra de Baroja durante la República etc ... Muchos de estos trabajos fueron publicados por la Editorial Anthropos con el título Literatura y vida en tres volúmenes entre los años 1992 y 1994.

El pasado año poco antes de morir la Editorial Huerga y Fierro le publicó una selección de relatos con el título Tres sueños y otros cuentos.

Trabajaba en el ensayo El donjuanismo femenino y proseguía su extenso ensayo, Defensa de la literatura. Apuntes para un ensayo interminable.

El periodista Esteban Hernández, estudioso de su obra, prepara un libro critico y biográfico, de próxima aparición.

Elena Soriano, que no se presentaba a concursos, fue jurado de muchos: los Pablo Iglesias, Plaza y Janés, Nacional de las Letras ...

Cedidos a la Cruz Roja Española los derechos en lengua castellana de su obra Testimonio materno, han dado lugar a la creación de la fundación CREFAT de la que Elena era Vicepresidente.

Fuentidueña de Tajo dio el nombre de Elena a su calle principal y Suances (Cantabria) erigió una gran estela de piedra frente al mar en recuerdo de la escritora ya que se inspiró en dicho lugar para escribir La playa de los locos.

En 1991 recibió el premio Rosa Manzano a su labor de escritora progresista y en el 93 la Medalla de Oro Individual de la Comunidad de Madrid por su obra literaria en defensa de la libertad de pensamiento y de los derechos humanos.


Tomado de la revista 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 6, PÁGINA 8

Celia Zaragoza: ELENA SORIANO: literatura y vida

Elena Soriano: literatura y vida

por Celia Zaragoza*. Madrid, 25 de abril de 1997

ELENA SORIANO se manifestaba orgullosa de su origen andaluz. Había nacido en Fuentidueña de Tajo (Madrid: 1917). Pero su sangre y su temperamento "eran de Córdoba, y su infancia, de varios cortijos de Andalucía", aseguraba.

Durante muchos años y hasta sus últimos días, vivió en la misma casa de aquella misma calle madrileña (Matías Montero, denominada luego Maestro Ripoll), de "aire quieto, residencial y tranquilo, entre los árboles y las plantas trepadoras del jardín, con aire cerrado y elegante en la que todo parecía igual", como con penetrante melancolía describió ANTONIO NUÑEZ.

En plena colonia El Viso, y a pocos pasos de allí, ELENA cruzaba los domingos hacia la inolvidable tertulia de su gran amiga MARÍA BAEZA (de cuyo fallecimiento se cumplen en estos día 16 años, 1888-1981, auténtica luz en su grupo familiar y en el ambiente cultural de la época).

Al regresar de Tambre, 24 (posteriormente, de Lázaro Galdeano, 2), un grupo de fieles amigos aguardaba a Elena desde los anaqueles de su biblioteca: BORGES, SÁBATO, CORTAZAR, RULFO, FUENTES, GARCÍA MÁRQUEZ. Alternaban con clásicos españoles y con las últimas novedades generacionales que, ininterrumpidamente, llegaban a su casa. Y también (pues era muy afecta a lo popular), con una completísima colección de tangos (que tan bien bailaba), donde lucían FRESEDO, PIAZZOLLA, DISCÉPOLO. O MARÍA ELENA WASLH.

Así, de su profundo conocimiento e interés por las literaturas hispanoamericanas e hispánicas, y de su inquietud por la evolución de nuestra lengua (tema, más que nunca, de tan grande actualidad), nació la revista literaria El Urogallo, que ELENA SORIANO fundó y dirigió desde 1969 a 1976, asesorada y apoyada en todos los órdenes (sin ninguna protección oficial ni oficiosa) por su marido, JUAN JOSÉ ARNEDO. En la heroica aventura, procuraba evitar tanto "el nacionalismo aldeano como el papanatismo hacia lo foráneo, la nostalgia del pasado como la precipitación novedosa". Abrió sus páginas a distintas edades, nacionalidades e ideologías con el sólo común baremo de la calidad. Y acertó.

Entre los homenajes que recibió ELENA, queremos destacar el que le dedica (LITERATURA Y VIDA, I, II, III) los tres tomos de ANTHROPOS (Colección Pensamiento Crítico / Pensamiento Utópico) en edición sobria y cuidadísima. El sagaz y exhaustivo prologuista, CARLOS GURMÉNDEZ, señala en ELENA la condición de anticipadora e intuitiva con profundidad envidiable. Ya en los años cincuenta vertía sus clarificadoras opiniones a través de su gran amiga y confidente, la literatura, de la que estuvo apartada más tarde durante siete años. Período que habría de contemplar y analizar, con desgarradora lucidez en Testimonio materno: con voluntad de útil alerta hacia lamentables circunstancias que habrían de proyectarse sobre la juventud de nuestros días. (Y en la que no volcó piedad hacia su hijo, ni hacia la sociedad, ni hacia sí misma)

Como novelista, tras la polémica Caza menor (1951: inicialmente víctima de la censura) había publicado una originalísima trilogía (La playa de locos, Espejismo y Medea).

Como cuentista, la selección agrupada bajo el título de la Vida pequeña, constituye una gratísima sorpresa.

La suma de estas relecturas, el repaso de estos textos, nos detiene también en otro aspecto de los tomos de ANTHROPOS: la serie de Sagaces ensayos; paralelamente, aparecen exponentes de no menor relieve en su género, que la revela como gran cronista de acontecimientos culturales, en los que descuella el teatro, y que tiene lugar en el resto de Europa. Fueron publicados inicialmente en Cuadernos (París), Ínsula y, especialmente, en Índice. Sin dejar nunca de ser, por igual, sólidos, amenos e informativos. Sin dejar de lado una pizca de ironía, (nunca amarga), y en ocasiones volcada sobre si misma.

Por su dominio amplio de todas los recursos literarios; por su perfecta comunicación de temas centrados en aspectos de la cultura no siempre accesibles, o al alcance del lector; por su actitud de alerta ante el obligado compromiso social en un mundo que, sin retroceder un punto, se muestra día a día, más indiferente, egoísta, cruel, ELENA aparece, aun hoy, merecedora de aquellos adjetivos con los que se la definió: utópica, lúcida, aguda, científica en el manejo de la propia visión del mundo que la rodeaba.

En realidad, al releer su obra, parece que volvemos a escucharla o hablar con ella y que, en estas fechas en que hubiera cumplido ochenta años, ELENA no hubiera muerto. En realidad, no ha muerto.

*Celia Zaragoza es periodista

(tomado de la revista 'caminar conociendo' nº 6, páginas 8, 9 y 10)


Esteban Hernández: ELENA SORIANO: LA PALABRA Y LA OSCURIDAD

Por Esteban Hernández*

Que su primera obra se desarrollase en un entorno donde la naturaleza era protagonista de primer orden no es casual. Aquel esplendoroso despliegue de léxico, aquellas descripciones precisas y eruditas, fastuoso escenario para un drama pasional, sentido y cruento, llevaron a la errónea creencia de que "Caza menor" era un texto ruralista, manejado por los rencores de una familia poco representativa. O mucho, pero de la España profunda.

Por supuesto, absolutamente incierto. Al igual que la trilogía que le sucedió, fue una obra que radiografiaba la naturaleza humana. Eran miedos, odios, deseos, fobias, resquemores, angustias puestas al desnudo por la hábil ¿habilidad? de una escritora de raza. Y al margen del inevitable choque que aquellas novelas produjeron con las fuerzas vivas de la época, lo que permanece es esa lucha cruel y constante del ser humano consigo mismo. Manifestada en el impulso primero, conseguir un ejemplar determinado del sexo opuesto, aunque no reducida a este casi anecdótico aspecto.

Se trataba de personas fácilmente reconocibles, inquiriéndose por su felicidad, incapaces de llegar a puerto, con la duda y la angustia por acompañantes casi únicos. Sin embargo, si en "Caza menor" todas las preguntas son cegadas por los hechos, en "Mujer y Hombre" sí son enunciables por sus protagonistas. Aunque no haya contestación posible.

Es en ese instante cuando la escritora se aleja de la narrativa; sus siguientes trabajos pertenecen al campo del ensayo. Y más tarde emprenderá la aventura de "El Urogallo". Entonces acomete una empresa compleja, arriesgada y titánica: "Defensa de la Literatura". Se publica por entregas en su revista (Anthropos la editará en 1993) pero dejando aparte muchísimo material (que es muy posible que sea recogido en un volumen). Y una empresa que, ante todo, es la mejor respuesta que Elena Soriano posee para todos los interrogantes que surgen en sus textos y en el mundo que vive. Cualquier posible solución pasa por ahí.

Su hijo Juanjo fallece. Es el menor, muy joven; la muerte ha dictado su absurdo prematuramente. Nace "Testimonio materno", literatura de nuevo para combatir la pérdida, entender las causas y conocer mejor cuál es nuestra situación en nuestro mundo y en el universo. Se confiesa la autora; ya no es un personaje de su invención quien habla, sino ella misma y a tumba abierta. El afán de comunicación es aquí mucho más evidente. No hay otro texto suyo donde la defensa de la literatura posea argumentos más contundentes. No es su mejor libro, sí el que mejor pone al descubierto algunas utilidades de la palabra escrita.

Porque la obra de Elena Soriano no es otra cosa que un debatirse continuo - como la misma existencia - en ese vacío que oscila entre las oscuridades de lo humano y la capacidad de dar nombre a nuestras perplejidades. Allí es donde la literatura tiene un trabajo por delante, y allí es donde la escritora de Fuentidueña de Tajo ubicó su pluma.

Esteban Hernandez es periodista.
En breve publicará un libro crítico
sobre Elena Soriano

LEIDO EN 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 6, PÁGINA12