viernes, 6 de mayo de 2011

Otto René Castillo (*): Obreros del algodón (1)


I

Para los obreros
del algodón
amanece mucho
antes que el día,
y cuando el sol
inicia su camino,
ellos ya lo han trazado
hace largo
con el áspero ritmo
de su espalda.

Dicen
que cuando llega
la noche,
los obreros del algodón,
como por costumbre
o por olvido,
siguen cortando,
con el moreno gesto
de sus manos,
sucesos blancos
para que vista el mundo
y el frío no agite
sus roncas alas
en la cordial tibieza
de a piel beneficiada.

Dicen
que los obreros
del algodón
tienen
tantos soles
acumulados
en su rostro
que con ellos
podrían
alumbrarse
mil planetas.
Así de contínua
y larga
es su jornada.

II

Macario Santiago
me lo dice,
mientras sus ojos,
que me miran
altamente,
son una cósmica
protesta
contra el hambre.
Entonces
su rostro geográfico
me explica
que debe ser muy grave
y muy amargo su trabajo.

Macario Santiago
no comprende
por qué le pagan
tan poco todavía.
Macario Santiago,
obrero de algodón,
aun no lo comprende.

III

Pero Macario Santiago,
ya se enoja.
Y encrespando su puño
nos relata
cómo después de su larga
y árida jornada,
aun los capataces
reducen el peso
de su duro trabajo
y le imponen castigos,
cuya sanción popular,
un día,
tendrá que costarnos
mucho sacrificio de bondad
en el futuro.
Pero Macario Santiago
ya despierta.
Y cuando lo haga
en siempre,
¡su tormenta
habrá comenzado
también
a fecundar el alba!
___________
(*) http://www.literaturaguatemalteca.org/Otto.html

(1) Leído en el poemario 'Vámonos, Patria, a caminar'

 (Del libro 'POESÍA REVOLUCIONARIA GUATEMALTECA. de Mª Luisa Rodríguez. Edita: Zero, S.A. Madrid, octubre 1969)

lunes, 2 de mayo de 2011

Otto René Castillo (*): Frente al balance, mañana (1)

Y cuando se haga
el entusiasta recuento
de nuestro tiempo
por los  que todavía
no han nacido,
pero que se anuncian
con un rostro
más bondadoso,
saldremos gananciosos
los que más hemos
sufrido por él.


Y es que adelantarse
uno a su tiempo
es sufrir mucho de él.


Pero es bello amar al mundo
con los ojos
de los que no han nacido
todavía.


Y espléndido
saberse ya victorioso
cuando todo en torno a uno
es aun tan frío y tan oscuro.

__________
(*) http://www.literaturaguatemalteca.org/Otto.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Ren%C3%A9_Castillo
(1) Del libro 'Vámonos, Patria, a caminar',.

(Del libro 'POESÍA REVOLUCIONARIA GUATEMALTECA. de Mª Luisa Rodríguez. Edita: Zero, S.A. Madrid, octubre 1969)



lunes, 4 de abril de 2011

Iswe Letu: Nuestros caballos puros


nuestros caballos puros con ojos de hermanos mayores Manolo, Avelino y Candelas, ideal que lo real desmiente nuestro cuerpo de vino puro que el oxígeno del aire agrió 

dejando los espacios ciegos bañados con pájaros mudos historias de familia que se afilan en el silbido de las hondas historias de herencias, historias sin una brizna de  brisas

nuestros caballos puros con ojos de hermanos mayores se encabritan en el cuento de las historias borrascosas y salud al que se dedica a ver el lado sin filo de las cosas como por ejemplo la contemplación de una piedra verde o un zigzagueante camino con venenosas amarilladuras

nuestros caballos puros con ojos de hermanos mayores relinchan en las cuadras frente a los pesebres hoy vacíos llenos de cosas melladas o romas, sin agudezas ni aristas sin sustancia como aquel que lanza un relámpago famélico

Y eso está bien en las aguas nauseabundas de la vejez pero nada se va sin dejar huella y los arañazos se quedan tranquilos pero se quedan ahí solos en la frontera del aire

y nuestros caballos puros con ojos de hermanos mayores tienen la inocencia de las coces instintivas ante el jinete que sin dudar hinca las espuelas en sus ijares sin dudar

nuestros caballos puros con ojos de hermanos mayores cuando alzan el hocico de la hierba ven en la sabana como retozan ufanos los búfalos de las cóleras insumisas pastan en un gran país de praderas con fresca memoria

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Ben Okri: Andando, caminando (*)


(Una muestra del buen hacer de Ben Okri, escritor nigeriano)

Mientras iba por la calle adelante, soportando a duras penas el calor del sol, por un mundo cruel, de niños desnudos y viejos de venas cansadas que llevaban sangre a frentes apergaminadas, me asustó el repentino convencimiento de que no había manera de huir de las reaalidades del mundo. Por todas partes me enfrentaba con la crueldad de las heridas, las míseras chozas, la chabolas de cinz oxidado, la mierda de las calles, los niños delgadurrios, las niñas desnudas sobre la arena jugando con latas de conserva aplastadas, niños incircuncisos correteando de aquí para allá, imitando el tableteo de las metralletas, con el calor nocivo que hacía vibrar el aire y el agua que se evaporaba en las cunetas malolientes. El sol desnudaba la realidad de nuestras vidas y todo era tan despiadado que resultaba un milagro que pudiéramos entendernos e interesarnos los unos por los otros o que incluso sintiéramos algún interés, aunque solo fuera una pizca, por algo.
...
Anduve durante mucho tiempo, las calles quemándome las plantas de los pies, con la garganta seca, la cabeza ardiéndome, hasta que me encontré en el mercado. Había puestos por todas partes. Los olores y los aromas del mercado se esparcían por doquier: de las hortalizas que se pudrían, de la fruta fresca, de la carne cruda, de la carne asada, del pescado maloliente, de plumas de pájaros silvestres y de loros disecados, del maiz asado y de telas recién teñidas, del estiércol de vaca y del perfume de sahel, y de la pimienta machacada, que inundaba los ojos de lágrimas y hacía cosquillas en la nariz. Y además de los muchos olores, las numerosas voces, voces sonoras y antagónicas, indistinguibles de la rica diversidad de los objetos. Mujeres con bandejas de tomates grandes y jugosos, cuencos de garri o de maíz, o bien de pepitas de melón, mujeres que vendían baratijas y cubos de plástico y telas de vivos colores, hombres que vendían amuletos de coral, peines de madera, plumas de tórtola, chalecos de malla y pantalones y zapatillas de algodón, mujeres que vendían espirales antimosquitos, espejos mágicos para el amor, faroles y hojas de tábaco, puestos de telas estampadas junto a los de pescado fresco, todos entremezclados, llenando los lados de la calzada, extendiéndose en fantástica confusión. Había en el aire mucho clamor de confrontaciones: los cobradores de alquileres se peleaban con las mujeres, y los que empujaban carretones y gritaban para que la gente se apartara, mientras mallams, acompañados de cabras atadas con cuerdas, rezaban sobre esteras blancas, bajo el sol, ensartando cuentas. El suelo del mercado tenía la humedad del barro y de los alimentos en descomposición, y los niños, la mayoría desnudos, corrían de un sitio para otro. Los mujeres vestían faldas descoloridas y sucias blusas; sus rostros, afligidos, me recordaban al de mi madre, mientras las voces tan pronto eran dulces como ásperas; dulces para atraer a los clientes, ásperas a la hora de regatear. Recorrí el mercado perplejo por las muchas voces que podrían haber sido la de mi madre, los muchos rostros que podrían haber sido el suyo, y vi que la fatiga y el sacrificio no eran exclusivamente suyos, sino que los compartía con todas las mujeres del mercado.

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Tomado de la obra de Ben Okri 'The Famished Road'. Ha sido editada en España con diferentes títulos por varias editoriales.

(*) Título añadido

viernes, 3 de diciembre de 2010

Mía Couto: En el vidrio

En el vidrio de la mañana, el sol, con su tibia toalla de luz, viene a limpiar el agua goteada.

Mía Couto en 'Cronicando'

jueves, 27 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Ignorancia y Heno (*)

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Ignorais los secretos de lo Eterno: Yo, un servidor de ustedes, los desconozco.

Y es imposible, para vosotros, comprender ese terrible acertijo: también lo es para mí.

Sin embargo, asegura y demuestra, gente entendida, que, en ese reino simulado,

por detrás del enigmático subterfugio, que todo nos enmascara, corren rumores,

incesantes, sin duda comprometedores, sobre todos nosotros. ¡Mas no nos importa!

Cuando sea aupado el cortinaje, ya no estaremos nosotros por aquí para contemplarlo.

Si acaso, tal vez, seremos, yerbas del prado, heno, para pasto de variadas bestias.


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(*) Versión sacrílega de una rubayata de Omar Khayyam

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jueves, 20 de mayo de 2010

Omar Khayyam: Vino y Presente (*)

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Es muy saludable que te alegres, alguna que otra vez,

el corazón con el vino que corre de las copas llenas.

Olvida lo que fue, y lo que vendrá. ¡Pasado y Futuro!

Ha llegado también ya el tiempo de libertar tu alma,

encarcelada, desde que llegaste, en las cadenas

del miedo hacia las muertes y las resurrecciones.

Es aquí, en la tierra, donde está el Cielo y el Infierno

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(*) Versíón libérrima y título nuestro